
Blog · Gastronomía
Lo que pasa cuando llego a un restaurante de Madrid con la cámara.
por Roberto Romero · Madrid · 2026
Tengo una regla con la comida: no muevo nada que no movería el cocinero. Hay fotógrafos que recolocan el plato, giran la salsa y ponen la ramita donde creen que queda mejor. Eso me revienta. El plato sale de la cocina como el chef decidió que tenía que salir, y mi trabajo es devolverle lo que ya es.
Cuando entro en un local, no miro primero la comida. Miro la ventana, la luz de la tarde y de dónde viene. En Madrid la luz de mediodía es una trampa: plana y dura. Prefiero las mesas cerca de la ventana a la hora que vendría un cliente a comer de verdad, no a la hora que conviene al horario.
A veces el plato buenísimo se enfrió, arrastró o se hundió antes de que llegara la cámara. Pasa. Entonces o pedimos otra elaboración o lo fotografío tal cual y ya. Prefiero una foto honrada de algo que se desmoronó a un montaje que luego no se parece a lo que sirves. Tu cliente tiene que reconocer el plato cuando llegue a su mesa.

No hago solo el plato. Sin luz ni atrezzo, la mesa puesta, el camarero, la barra. Esas fotos son las que la gente guarda para decidir si va. Un plato aislado dice poco; el local entero dice lo que eres.
Cuéntame tu proyecto y diseñamos la sesión perfecta.